Cuerpo místico II: creacion y vibración


 Cuerpo místico femenino II:

Creación y  vibración

Segunda entrega 


Por: Mónica Andrea López



En la entrega anterior exploramos la intuición femenina como un saber corporal y un acontecimiento místico. Es necesario resaltar que, más que un don sobrenatural, la intuición se relaciona con una potencia ancestral enraizada en la psique, la neurobiología y la espiritualidad encarnada. Hoy avanzamos hacia una nueva pregunta: si el cuerpo intuye, ¿también crea y transfigura el mundo? Clarissa Pinkola Estés (1992) plantea que: “La creatividad es el alma que canta, es el alma que ora, es el alma que da a luz, es el alma que cuida” (p. 345). 

Desde esta perspectiva, la mujer salvaje no se limita a percibir el mundo: configura una realidad desde su mundo interior, un territorio de cordilleras, montañas, ríos, caudales, fangos, volcanes y cielos. Es entonces cuando la mujer levanta su mirada hacia el horizonte y se reconoce en lo otro, en la inmensidad, donde se funde desde un cuerpo fenomenológico para ser esencia, presencia y vida. 

Así, la creatividad nace desde donde la carne se funde con el espíritu, realizando una ramificación sensorial, erótica y mística. Es un acto corporal que se enuncia desde el origen caótico y resiliente del sentir femenino. La creatividad escarba en los residuos arqueológicos del alma para reinterpretar, coser, asesinar y rasgar el presente. Se desborda por el simple acontecer de la vida, que es atravesada por un dolor capaz de amplificar las emociones y estremecer el mundo con ellas, como lo hicieron con sus gritos Gina Pane, Sylvia Plath , Anne Sexton, Sor Juana Ines de la Cruz entre otras

Por su parte, Naomi Wolf (2013), en Vagina: A New Biography, señala que la sexualidad femenina y su “cerebro vaginal” poseen una dimensión de conciencia y poder creativo. Para Wolf, la conexión cuerpo-mente no es solo bidireccional, sino expansiva, porque al habitar el cuerpo con placer y presencia se activa una inteligencia vital capaz de transformar la realidad: “El placer vaginal activa centros cerebrales que están vinculados con la confianza, la creatividad y la autodefinición” (p.174). Este hallazgo neurobiológico confirma que el cuerpo místico femenino es creador no solo de vida biológica, sino también de proyectos, narrativas y mundos posibles. De manera similar, Hélène Cixous (1975) afirma: “Escribir de sí, de su cuerpo, es hacer estallar los viejos silencios” (p. 257).


Así, la mujer que escribe su cuerpo y se narra desde su deseo como fuente de creatividad crea un lenguaje nuevo, un mundo nuevo. El cuerpo místico femenino se vuelve un lenguaje ovárico: un lenguaje que se materniza a sí mismo y materniza al mundo, que arrulla, desgarra,  enternece y vibra con la intensidad de la creatividad. Es un lenguaje que susurra, genera símbolos, sentido, narrativas, aullidos, levantamientos e historias. Transforma la materia de su dolor y placer en discurso y creación.

 

Desde la neurociencia, Nazareth Castellanos (2022) refuerza esta idea al afirmar que el cuerpo genera un metalenguaje anterior al racional, un lenguaje vibratorio que crea resonancias en el entorno: “El cuerpo no es solo un receptor, sino un emisor de información que transforma su mundo” (p. 141).
Con estas premisas, comprendemos que el cuerpo místico femenino no es solo un canal intuitivo, sino un campo energético y creativo que conmueve y moldea el entorno, como si fuera un canto capaz de transformar la estructura misma del aire.

 

Por tanto, la tesis de esta entrega es clara: el cuerpo místico femenino no solo intuye, sino que crea y transfigura el mundo, porque su vibración poética, neuronal y simbólica es potencia de transformación. Desde esta perspectiva, la experiencia mística femenina se convierte en praxis. Es el arte de vivir habitándose, percibiéndose y creándose en cada gesto: en la respiración uterina, en la danza silenciosa de la pelvis, en la escritura de un diario, en el goce que florece como un loto secreto en la noche. En estos actos la mujer vuelve a sí misma como totalidad vibrante y como creadora de realidad, no desde la imposición, sino desde la resonancia de su ser profundo.




Sin embargo, en un mundo que aún hoy controla, reprime y explota el cuerpo femenino, estas reflexiones se tornan urgentes. Florence Thomas (2018) advierte: “Las mujeres no hemos sido educadas para amar nuestro cuerpo. Se nos educa para temerlo, para controlarlo, para esconderlo o mostrarlo según los deseos de otros, pero no para habitarlo en libertad” (p. 143).
Habitar el cuerpo místico, entonces, es un acto de emancipación y reescritura existencial.

 

Por ello, querida lectora, te invito a hacer de tu cuerpo un templo creador. Permite que tu intuición se convierta en palabra, que tu deseo sea lenguaje ovárico, que tu vibración se traduzca en mundo. Porque cada célula tuya es un poema no escrito, y cada respiración tuya es un acto de creación. Recuerda, como afirma Pinkola Estés (1992), que: “La mujer que regresa a su vida creativa regresa al hogar salvaje” (p. 347).

En la próxima entrega exploraremos cómo la vibración poética del cuerpo femenino puede resignificar el dolor y la herida, convirtiéndolos en ofrendas para la vida y en semillas para el futuro.

 

📚 Referencias

  • Castellanos, N. (2022). Neurociencia del cuerpo: La conciencia del cuerpo como camino hacia el bienestar. La Huerta Grande.
  • Cixous, H. (1975). La risa de la Medusa. L’Arc.
  • Pinkola Estés, C. (1992). Mujeres que corren con los lobos. Random House.
  • Thomas, F. (2018). Conversaciones con Violeta. Aguilar.
  • Wolf, N. (2013). Vagina: A New Biography. Ecco Press. 

 

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